Gus Miracle

16 Oct, 2016

Gus Miracle

Gus Miracle

Traducción del texto original en inglés de Janice Mann-Clay

Cuando miras su carita y sus vivos ojos, resulta difícil creer que hace un mes estuviéramos hablando de la posibilidad de sacrificar a Gus. Se encontraba tan mal que temíamos que no sobrebiviría y que, si lo conseguía, estaría tan incapacitado que necesitaría cuidados constantes.

Gus es un perro maravilloso, un braco de pura raza que acudió a nuestra finca hace tres o cuatro años. Se ve que perdió a su amo anterior y llegó en un estado terrible. Le curamos, lavamos y recuperamos. Esperábamos que volvería a marcharse por donde había venido, pero parece que Gus había decidido que ya estaba cansado de vagar por los campos y prefirió quedarse con nosotros. Se adaptó a nuestra familia de otros tres perros, cuatro pájaros y un conejo. Poco a poco se hizo querer como un miembro más de la familia.

La mayoría de días, por la mañana, nos encantaba salir al campo a pasear con los perros por un camino tranquilo donde no hubiera demasiado peligro y pudieran correr libremente por los pinares que rodean el camino. Era una gozada ver a Gus galopando camino arriba y saltando por encima de los muros de piedra, aleteando las orejas y la lengua colgando.

Un día de paseo, Gus parecía estar un poco cansado, no tan animado como siempre. Siguió a mi lado la mayor parte del camino. Al día siguiente no tenía ganas de ir de paseo. No acertamos adivinar qué problema podía tener, pero era tan extraño en él que pensamos que algo no iba bien. Le llevamos a la clínica veterinaria de Mari Conxa y hablamos con uno de los veterinarios. Le examinó pero no le encontró nada mal. Le inyectó un córtico y nos fuimos.

Al día siguiente Gus estaba peor. Tenía las patas traseras flojas y parecía como si no pudiese mantenerse en pie mucho tiempo. Gus había dejado de comer y beber, así que teníamos que darle agua con una jeringa más o menos cada media hora. Al día siguiente, cuatro días después de enfermar, Gus casi no podía levantarse y se desplomaba a cada intento. Volvimos a ver a Mari Conxa ya que empezábamos a estar bastante preocupados. Mari Conxa volvió a examinarle. Estaba claro que algo no iba bien ya pues tenía las patas muy débiles, pero no había ningún signo que indicara cuál era la causa del problema.

A la noche siguiente, sobre las once, nos preparábamos para acostarnos cuando nos dimos cuenta que Gus no podía levantarse de ningún modo. No tenía ninguna fuerza en las patas delanteras ni traseras. Llamamos a Mari Conxa y llevamos a Gus directamente a su casa porque, francamente, no estábamos seguros que Gus pudiera pasar la noche. No se encontraba mal ni vomitaba, no tenía fiebre ni nada que nos diera una pista sobra la causa de esta enfermedad, pero estaba claro que había habido una clase de ataque al sistema nervioso. No tenía sensibilidad ni reflejos, ni ninguna fuerza en las extremidades, no podía moverse. Parecía como que Gus no tuviera ningún tipo de control muscular más abajo del cuello. Había sufrido un grave ataque al sistema nervioso central.

Los dos temíamos que íbamos a perderle. Era un perro tan bueno y nos había dado tantas alegrías desde el día que llegó. Llorábamos y estábamos muy preocupados los dos ¿Cómo puede sobrevivir un perro es este estado? nos preguntábamos.

Mari Conxa sugirió hacerle acupuntura a Gus y dijo que había funcionado bien en otros casos. No estábamos muy convencidos pero quisimos probar. Mari Conxa hizo la primera sesión de acupunura allí y, después en el garaje de su casa a las 11:30 de la noche, con Joan como ayudante. Gus no notó nada. Le llevamos a casa encima de su cama, esperando lo mejor y a la vez temiendo lo peor. Quedamos en traer a Gus a la clínica veterinaria a otra sesión al cabo de tres días. Pienso que todos nos preguntábamos si Gus continuaría vivo para entonces.

Gus continuaba sin comer ni beber y no mostraba demasiado interés en nada que intentábamos darle. A veces, tragaba el agua que le poníamos en la boca con una jeringa y, a veces, volvía a salir goteando.

Resulta sorprendente que durante toda su enfermedad los ojos de Gus permanecieran vivos y despiertos, lo que nos animó a continuar esforzándonos. Cada día, diversas veces al día, le estirábamos y le masajeábamos las patas para manatener en movimiento sus músculos. Lo llevábamos de un cuarto a otro, dentro y fuera de casa para que viera cosas. Todavía se interesaba en todas las actividades que sucedían en el exterior. Cuando los otros perros empezaban a ladrar y salir corriendo a pelearse con enemigos imaginarios, Gus intentaba unirse a ellos y no comprendía que no podía levantarse. Probamos de levantarlo para que pudiera hacer un pipí, intentando darle pistas y cosas que oler pero no funcionó. No hizo pipí ni caca durante bastante tiempo.

Uno de los dos siempre estuvo con él. Durante más de tres semanas no lo dejamos sólo. Vovimos a traerlo a Mari Conxa y le hizo más acupuntura y electroacupuntura para estimularle el sistema nervioso y los músculos. Parecía que no había ningún tipo de respuesta por parte de Gus pero sabíamos que la acupuntura funciona silenciosamente.

Comentamos que si no mejoraba quizá tendríamos que pensar en sacrificar a Gus. Sabíamos que continuar cuidando de Gus como lo habíamos hecho no era sostenible durante mucho más tiempo. Sin embargo, los ojos de Gus seguían vivos y pensamos que continuaba estando con nosotros anímicamente, a sí que cada vez que íbamos a nuestra veterinaria veíamos que no estábamos preparados para rendirnos… «Otros días más» repetíamos, aunque nos imaginábamos lo que sucedería.

Durante una sesión de acupuntura me di cuenta que, si poníamos a Gus en una postura determinada, podía levantar la cabeza. Pensé que si lo intentábamos en casa Gus podría conseguir beber y comer un poco por sí mismo. Esto sirvió en gran medida, comenzó a beber agua solo pero continuaba sin tener mucho interés por la comida, ni incluso por el jamón York, que comía sin ganas.

Teníamos la costumbre de dar a cada uno de los perros una barrita de masticar antes de que se acostaran para la noche. Aunque Gus no mostraba ningún interés por la comida, los ojos se le encendieron cuando vio que llegaban las barritas. En seguida vimos que sí quería su barrita. Se la zampó de golpe y miró con ojos implorando que le diéramos otra ¡I claro que le dimos otra! Empezamos a darle barritas para incitarlo a comer. No sólo le dábamos pollo fresco, también jamón York i salsichón… i todo lo que se nos pasaba por la cabeza con tal de incitarlo. Empezamos con una barrita de masticar para animarlo a comer. Le pusimos una barrita de esas en la comida para que metiera el hocico dentro del plato y ¡funcionó! El estusiamo por las barritas nos enseñó que todavía tenía ganas de vivir, el ánimo y la alegría de vivir, y eso nos volvió a animar para no rendirnos.

Ahí fue cuando la cosa empezó a cambiar. Gus empezó a beber y a comer un poco, poquito a poco. Todavía no podía controlar los músculas del cuerpo y al poco perdía el equilibrio y caía, pero se las arreglaba solo. Pienso que empezó a sentirse mejor consigo mismo.

Mientras, había comenzado a hacer pipí, aunque de forma descontrolada. Veías que no lo comprendía y lo odiaba. Teníamos que lavarle, cambiarle la cama, a menudo cinco veces al día. En este punto, la lavadora no se detenía. También intentábamos constantemente idear formas más fáciles de llevar a Gus de un lugar a otro y cuidarle pues pesaba demasiado (17 quilos) para llevarle en brazos o para que uno de nosotros pudiera moverle sin ayuda.

Continuó con las sesiones de acupuntura cada tres o cuatro días. Ya no recuerdo cuántas sesiones recibió o qué medicamentos y vitaminas le dieron a demás de la sesiones de acupuntura. I por supuesto continuaron los ejercicios y estiramientos de las patas muchas veces por día.

Entonces, un día mientras estábamos realizando ejercicios a las patas de Gus, empezamos a notar como una resistencia. Al principio pensé que era mi imaginación pero la resistencia continuó i empecé a notarla en las otras patas también. Le habíamos tenido acostado en una cómoda alfombrilla, más que en su cama pues tenía más espacio y a nosotros nos rssultaba más fácil transportarle de un lugar a otro. De repente nos apercibimos que Gus ya no estaba en la posición en que le habíamos dejado. Se las había arreglado para moverse por la alfombrilla. ¡Caramba! Todavía no podía levantarse ni sentarse pero podía moverse. A partir de aquel momento le dejamos un plato con agua aunque un poco fuera de su alcance para animarle a que fuera a por él.

La vez siguiente que fuimos a ver a Mari Conxa a por otra sesión de acupuntura mejoró un poco más. Gus se aguantaba sobre las patas posteriores unos segundos y después se desplomaba, pero era una gran mejhora. Mari Conxa continuó las sesiones de acupuntura y nosotros continuamos con los estiramientos y los masajes en las patas. I Gus continuó mejorando.

Volvimos a sacarle fuera para intentar que consiguiera pipí al exterior, pero Gus continuaba sin poder controlar esta función o no comprendía lo que nosotros queríamos que hiciera, pero no había forma de que hiciera pipí mientras nosotros lo sujetábamos en alto.

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Entonces, un día se levantó y caminó, con las patas temblorosas, un metro de distancia de nostros e hizo un pipí, dio la vuelta y se desplomó. Al día siguiente caminó un poco más lejos e hizo caca, pero no pudo volver. Casi no podíamos creer lo que veíamos y corrimos a traerlo con nosotros. Gus continuó mejorando cada día, tanto que en la sesión de acupuntura siguiente lo trajimos a la clínica en su cama como siempre, pero Gus se levantó i saludó cantando a Mari Conxa, Nati, Aida i Ani.

Ahora casi no creeríais que Gus pudo llegar a estar tan mal. Todos los días los perros nos despiertan entusiamados recordándonos que es la hora de salir a pasear. No me importa nada en absoluto pues es un placer tan grande ver a todos los perros, especialmente a Gus, disfrutando a tope corriendo por el camino. Una imagen que temáimos no volver a ver.

Le hemos cambiado el nombre a Gus Miracle. I por supuesto es oficialmente el perro más mimado que os podáis imaginar. Agradecemos a Mari Conxa, Nati i Ani por las fabulosas sesiones de acupuntura que hicieron revivir y estimular els sistema nervioso de Gus y que fueron sin lugar a duda determinantes en la recuperación de Gus de esa misteriosa y espantosa enfermedad. En la última sesión nuestro precioso Gus entró caminando y cantó a cada mimbro del equipo: a Mari Conxa, Nati, Aida i Ani. Y estoy segura de que lo hará cada vez que las vea. Damos las gracias a todas ellas por su milagrosa recuperación.

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